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El cáncer enfrenta al médico
con un problema doble: el paciente enfermo y la enfermedad.
Tradicionalmente se habló de pacientes con psiquismo
canceroso, o personas que desde tiempo atrás percibían
la necesidad de un cambio profundo en sus vidas. Esto en la
práctica clínica no es así. El cáncer
no respeta encasillamientos. Se lo ve crecer en personas vitales,
positivas y emprendedoras, en ancianos que han llevado una
vida sana y en contacto con la naturaleza, en mujeres bien
dispuestas , solícitas y generosas. A la inversa, pacientes
con “psique cancerosa” no desarrollan cáncer.
Este hecho lleva a pensar que comparten un destino social
común. El cáncer hace del enfermo un representante
de la época actual, borra las diferencias de la personalidad.
Expresa una enfermedad del organismo social. La sociedad actual
es cancerígena.
Al núcleo espiritual de un ser humano lo designamos
Yo. La cultura actual lo expulsa de diversas maneras : impidiéndole
ejercitar la afirmación orgánica de sí
mismo a través de ciertas enfermedades (las llamadas
eruptivas de la infancia); mermando el desarrollo activo de
la capacidad inmunológica al vacunar masivamente y
suprimir la fiebre; fomentando hábitos contrarios a
los ritmos vitales: alimentación a deshora, sueño
reducido o invertido; pero sobretodo por una educación
escolar cada vez más temprana, de carácter intelectual;
el niño es exigido cuando aún no está
maduro orgánicamente para el aprendizaje. Al expulsar
el Yo del cuerpo se impide que éste lo estructure en
sentido humano. Y esto se extiende a la estructura celular
y tisular.
La sociedad actual muestra un auge del individualismo egocéntrico
y a la vez, una pérdida del tejido social (familiar,
institucional). Y el cáncer muestra, en esencia, este
mismo fenómeno.
¿Qué representa en realidad el cáncer?
Los límites y posibilidades de la libertad humana.
¿hasta dónde es posible un crecimiento individual
que se sustrae al conjunto? El hombre social debería
mirar la respuesta sabia de la naturaleza: el tumor crece
caóticamente, agota el suelo del que se nutre y esto
le significa su propia extinción.
CANCER: ¿aporta algo positivo?
Toda enfermedad tiene, además
de una causa (situada en el pasado), un sentido hacia el futuro.
Provoca cambios, produce aprendizaje. El cuerpo tiene memoria.
Se ve siempre en las grandes epidemias: pasada la efervescencia
inicial, el conjunto social queda fortalecido frente al germen.
Es lo que hoy se llama ser un “portador sano”o
con inmunidad propia de la especie..
¿Qué sentido tiene el cáncer? Sería
lógico pensar que, si su naturaleza es social, sus
beneficios también lo sean. Aquí no se trata
de un refuerzo inmunológico La ausencia de Yo orgánica,
el combate en retirada (claramente vivenciado por el paciente
como una enfermedad ajena y distante de él), pueden
pensarse como un hecho experimentado de modo impersonal.”Cada
enfermo de cáncer debe padecer lo que la humanidad
no reconoce .Nos encontramos frente al destino trágico
de personas que sobrellevan el sufrimiento en nombre de muchas
otras para restablecer, al menos en parte, el equilibrio del
destino humano que ha perdido su armonía…buscar
el ascenso espiritual a través del sufrimiento, que
devuelve la dignidad a la persona y transforma su alma para
permitirle acceder a los nuevos ámbitos espirituales
que requiere en su trayectoria hacia el futuro”(R. STEINER)
La experiencia clínica muestra también cambios
positivos en el paciente a quien le abre la puerta a una transformación
posible ; en el medio familiar que tras el impacto inicial
puede asumir otro modo de relación y compromiso.( es
notable ver cómo el grado de respuesta y apoyo familiar
incide en la evolución del enfermo). y también
en el médico , que se ha visto obligado, como en ninguna
otra enfermedad, a trabajar en equipo ,y si no a aceptar,
al menos tolerar otras prácticas y concepciones más
amplias.
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