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Cualquier
reforma que se decida no puede tener el efecto deseado si
no llega a la raíz del problema de la educación
en el país y en el mundo: la dependencia de las instituciones
escolares del estado político.
Si
analizamos la evolución de las formas sociales en la
historia, nos encontramos con tres elementos arquetípicos
constitutivos de una sociedad organizada. El Estado propiamente
dicho, o sea, el portador del elemento del derecho.
El
sector que podríamos llamar cultural, y que abarca
todas las manifestaciones de la vida religiosa, cultural,
artística y educacional, ya que educar es, precisamente,
poner a disposición del educando los contenidos de
la cultura.
Y
finalmente, el sector de la vida económica, portador
de todos los procesos de producción, distribución
y consumo de bienes y servicios.
Si
bien este esquema actual de un organismo social parece convincente,
solo es aplicable al presente, y este presente es consecuencia
de la precedente evolución histórica. Antiguamente,
en la temprana época de la evolución de la humanidad,
la organización social partía de una omniabarcante
teocracia que, desde el vértice superior de la pirámide,
por ejemplo el Faraón egipcio, gobernaba simultáneamente
como representante de la divinidad y como señor secular.
Desde
ese vértice todo era dirigido y regulado, tanto la
vida religiosa como la relación entre los individuos
entre sí, y entre los distintos estamentos, o sea lo
jurídico o también la superficie a cultivar,
épocas de siembra, etc., es decir, el aspecto Económico.
Ejemplos de esta teocracia y de su organización las
encontramos en toda la historia antigua, en América,
y, como resabios de ese pasado, hasta en la reciente historia
europea en las monarquías absolutistas que derivaban
sus atributos y poderes del derecho divino.
En
la época moderna aún persisten impulsos teocráticos
transformados, reemplazándose el derecho divino como
justificación del carácter absoluto y omniabarcante
del estado monárquico, por conceptos más abstractos
y menos comprensibles, tales como: "voluntad popular",
"soberanía", u otros abyectos como "espíritu
de raza", sólo por mencionar algunos. Sin embargo,
la función del estado consiste hoy, en realidad, únicamente
en garantizar la igualdad jurídica entre los hombres:
"la igualdad del hombre ante la ley". Este aspecto
recién surge en la historia de la humanidad, cuando
la ley divina, la ley revelada, fue reemplazada por la ley
humana, la ley legislada, principalmente en el Imperio Romano
con el derecho que lleva su nombre.
Recién
últimamente, a partir del nacimiento del industrialismo
en occidente, surge el aspecto económico como un sector
independiente dentro de la vida social, es decir, la ciencia
económica al lado de la ciencia del derecho.
Un
reflejo de toda esta evolución lo encontramos en la
historia desde el siglo XVI, cuando el hombre en las luchas
religiosas encuentra el camino hacia la libertad espiritual.
En la revolución francesa busca afianzar su igualdad
jurídica como ciudadano, y en las luchas sociales del
siglo XX busca definir el carácter de las relaciones
humanas con relación a la vida económica, luchas
que aún no han terminado pero que no son materia de
este trabajo.
Debería
ser patrimonio de la conciencia de todos, que cualquiera de
los factores que integran como formas o estructuras supra-individuales
una sociedad organizada, y esta misma, se hallen al servicio
del hombre y no este al de aquellas. Ni las estructuras que
integran la vida espiritual-cultural-educativa, ni el Estado
o la economía, existen por sí, sino únicamente
en función de los seres humanos. Al ser humano hay
que considerarlo como tal y no como "mero ciudadano"
o "productor" o "consumidor", pues cada
ser humano participa al mismo tiempo en los tres aspectos
de la vida social, y cada uno de éstos se rige, por
las leyes que le son intrínsecas.
Si
el sector económico invade al estado político
- ya sea a través de sus representantes, de intereses
en los cuerpos legislativos, en el ámbito de la justicia,
o en la administración - se vulnerará la "igualdad
ante la ley", en beneficio de aparentes necesidades económicas.
Si
lo económico invade el aspecto espiritual-cultural-educativo
no considerará las necesidades individuales, por ejemplo,
las del educando, sino que determinará la formación
del educando en función de sus necesidades de producción,
o bien, esclavizará la investigación, para ponerla
al servicio no del bienestar y la evolución de la humanidad,
sino de su propio enriquecimiento, como sucede hoy en todos
los países llamados desarrollados.
El
resultado es la expoliación de las riquezas naturales
con aplicación de los resortes científicos,
la destrucción del medio-ecológico y en definitiva,
el cuestionamiento de la supervivencia del ser humano.
Si
el sector político es el que invade al segmento espiritual-
cultural-educativo, se convertirá a este último
en expresión de la lucha por el poder político
e ideológico, o indirectamente, del económico.
Expresiones como “cultura aria" (en el Nacional
Socialismo), "cultura popular", "cultura nacional",
son manifestaciones de esa invasión, que impiden el
surgimiento de lo único válido: cultura, sin
aditamentos, siendo ésta la libre expresión
de las facultades espirituales, culturales, artísticas
y educacionales de cada ser humano individual.
De
esto último resulta el único y verdadero requisito
para educar: la idoneidad, que sólo puede ser ofrecida
por la comunidad de educadores, no por un ministerio o una
secretaría de Estado ni por ningún otro sector
integrante del medio estatal-político.
En
el curso de la historia fue necesario que el Estado tomara
la responsabilidad sobre la educación para asegurar
que ella estuviera al alcance de todos. Esta meta ha sido
lograda y ahora es tiempo que el Estado confiera a la educación
su libertad. El Estado es un ente político y tiene
su tarea política, que es la de asegurar los derechos
humanos y civiles. Toda persona tiene derecho a la educación
y el Estado debe garantizar este derecho. Empero, el Estado
no debe dirigir ni administrar la educación, tarea
que no cae dentro de su esfera natural y para la cual es incompetente,
hecho demostrado ampliamente por la situación de la
educación en el país, Se tiende a mirar a otros
países como modelos; en el caso de la educación
esta mirada hacia afuera no nos sirve. El triste hecho es
que la educación está en manos del Estado en
el mundo entero y la educación mundial sufre, como
consecuencia. ¿Son las escuelas suizas o alemanas,
por ejemplo, buenos modelos, cuando el índice de suicidio
de alumnos debido a la presión escolar es tan alto?
De ninguna manera. Se preguntará: si el Estado no es
el responsable de la educación ¿quién
lo es? La respuesta es tan simple que resulta obvia: aquellos
que educan. Y estos maestros y profesores - ¿están
en condiciones de asumir esta tarea adicional? Quizás
no de inmediato, pero por lo menos más que los burócratas
políticos. Después de todo, son ellos quienes
diariamente enseñan a los niños en las escuelas,
quienes mejor conocen las necesidades pedagógicas y
espirituales de los niños porque los conocen como personas
reales y no como meras abstracciones estadísticas.
Idoneidad
también significa fundamentalmente, conocimiento de
aquello a lo que se dirige, por ejemplo, la actividad educacional,
o sea, la del educando. De la objetiva observación
y de la experiencia, extraerá el educador el conocimiento
de las necesidades del educando, único parámetro
para determinar el método y el contenido de la educación,
y no una política educacional", término
que en si mismo, es antinómico y aberrante.
De
todo lo expuesto surge que, para que la actividad cultural-
espiritual pueda desarrollarse orgánicamente, se requiere
un ámbito de total libertad frente al estamento político-estatal
y frente al sector económico.
La situación ideal seria que el cuerpo docente de cada
escuela dirigiera su propia institución sin director.
No obstante, si el cuerpo docente opina que un director es
necesario, puede elegir a uno de sus integrantes para ejercer
esta función. De esta manera, los docentes crecerían
con su tarea y sabrían qué métodos pedagógicos
aplicar sin que éstos fueran ordenados por algún
ministro.
También
significa, en el caso de la educación, que la misma
se desvincule, administrativa y aun económicamente,
del Estado, y se organice sobre la base de la autogestión,
como un sector absolutamente independiente. La autogestión
o autogobierno del sector educacional estaría en manos
de aquellos que “conocen la materia", los idóneos,
es decir, los educadores.
Cada
escuela formaría una comunidad de educadores, o mejor
dicho, una comunidad de educadores junto a una comunidad de
padres, dando origen al movimiento de una escuela que determinaría
la educación a impartir a los niños que concurren
a la misma, sin injerencia de inspectores, ministerios ni
ninguna otra entidad perteneciente al sector político-estatal.
Será
difícil alcanzar la libertad educativa mientras el
Estado sea dueño de las finanzas. Por lo tanto, es
necesario cambiar el procedimiento económico también.
Se podrán formar Comisiones Educativas Autónomas
comunales y provinciales. Estas comisiones, compuestas por
representantes del sector cultural y educativo de la sociedad,
recibirán el dinero destinado para la educación
en cada localidad y lo distribuirán según las
necesidades de cada escuela. ¿De dónde provendrá
este dinero? Básicamente es el mismo dinero generado
por el trabajo del país que ahora es desviado a través
del Estado y que iría en cambio directamente a las
Comisiones Educativas. Cada comunidad debería participar
directamente para asegurar los medios financieros para la
educación en su localidad. Esta participación
activa despertaría las fuerzas creativas individuales
y colectivas de la sociedad. Se sobreentiende que las comunidades
de mayor poder económico deberán compartir sus
recursos con las menos favorecidas. Esto se podría
coordinar a través de Comisiones Educativas regionales.
Sería
ideal que cada institución educativa se autofinanciara
en concordancia con la idea de la fraternidad en lo económico.
Cada padre o estudiante debería aportar todo lo que
su situación le permitiera aportar; cada maestro retiraría
lo que sus necesidades determinaran. Para dar solución
a las necesidades económicas de los colegios, sugerimos
dos medidas posibles:
a)
Todo lo que el presupuesto nacional, provincial o municipal
prevé para mantener el sistema educativo, sea transferido
automáticamente al sector educativo autónomo
que, a través de sus propias administraciones dispone
libremente de esos recursos, o
b) se emita un bono para cada niño en edad escolar,
el que sería entregado a los padres, quienes a su vez,
entregarían dicho bono en el colegio al cual, libremente,
deseen enviar a sus hijos. Por su parte, el colegio canjearía
ese bono ante el Estado, por dinero que el Estado percibe
a través de la recaudación impositiva.
Este
sistema (a o b), podría ser aplicado a todas las escuelas
públicas que pasarían a ser administradas por
los educadores respectivos, desligándose totalmente
de la esfera del Estado. Podrían continuar existiendo
las actuales escuelas privadas, pero deberían desaparecer
gradualmente los subsidios estatales a las mismas, para permitírselas
un sano desarrollo autártico. Este sistema de la libertad
cultural-educacional, debería aplicarse a los tres
niveles principales de la educación y de la enseñanza,
ya que es el único que garantiza el pleno desarrollo
de las capacidades creativas del individuo, y con ello, se
constituye la base para la evolución sana del "Todo",
del organismo social de una nación, de un pueblo.
En
nuestro país ya existe un precedente de desvinculación
parcial de los organismos educacionales de los entes gubernamentales.
Se trata del régimen universitario que permite que
las universidades - tanto estatales como privadas - dicten
sus propios estatutos y se gobiernen por sí mismas,
sin intervención de las autoridades públicas.
Dicho régimen tiene positivos ingredientes de libertad
espiritual, ya que son los claustros universitarios los que
deciden por sí sus contenidos y métodos de enseñanza-aprendizaje,
sin que se los impongan funcionarios gubernamentales. Pero
esa libertad es solamente parcial, ya que los organismos gubernamentales
mantienen su facultad de intromisión en el quehacer
educacional de las universidades estatales, por tener el dominio
de los recursos financieros. Las universidades estatales dependen
para su desarrollo y progreso del presupuesto nacional, por
lo que en ese sentido se advierte la influencia negativa de
la esfera político-estatal y de la esfera económica
sobre la vida espiritual.
Debe destacarse que, si bien la parte económica es
importante, la esencia de la reforma es la liberación
de la educación del estado-político e intereses
ajenos al desarrollo integral del ser humano.
A
través de la verdadera libertad de enseñanza
se puede transformar el espíritu del país y
presentar un modelo a un mundo desesperadamente necesitado
de nuevos caminos.
*
Este trabajo fue escrito en el año 1987 para la consideración
del Congreso Pedagógico que estudiaba la reforma educativa.
Obviamente no fue tomado en cuenta.
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