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Una vertiente de ésta corriente la encontramos entonces en José de Arimatea y en el cristianismo esotérico que se le atribuye. Pero también existe otra vertiente que se remonta a Manes, fundador del maniqueísmo en el Siglo III de nuestra era. Fue uno de los más grandes iniciados en los misterios del Cristo, que actuó fundamentalmente en la zona del cercano oriente, (Persia)donde sufrió la persecución y el martirio a manos del Rey de Shapur. Sin embargo su cristianismo esotérico se expande a través de Armenia, los Balcanes y penetra en Europa desde el Este, dando lugar al surgimiento de toda una corriente representada por distintos grupos como los Búlgaros, los Hermanos de Bohemia, los Cátaros, los Albiguenses, etc. Manes conoce y transmite el conocimiento de los secretos del Mal en un sentido muy profundo, también el secreto de las fuerzas a las que el hombre puede tener acceso para poder oponerse al mal en sus tres aspectos: el que tiene que ver con Lucifer, el aspecto de Ahriman o Satanás y el aspecto representado por La Bestia. Wagner desarrolla éste tema (el mal y la redención del hombre) en su "Parsifal".

Rudolf Steiner fue quién en el Siglo XX echa luz sobre ésta temática. Hubo en su vida situaciones biográficas, de destino, que lo llevaron directamente a la investigación de ésta corriente con los métodos de la Ciencia Espiritual. Estando un día frente a la "Pietá" de Miguel Angelo (El Cristo Muerto en el regazo de la madre), surgió ante él la imagen de Sigune con su prometido muerto, el Caballero Schionatulander, en su regazo. Este es el aspecto de la compasión o misericordia en la corriente del Grial. El poder asumir el dolor de otro en forma absoluta caracteriza al "Caballero del Cisne, configura al "Sabio por Compasión" (Wagner). En otra oportunidad habiéndose formulado el interrogante sobre el Cáliz del Grial del que fluye la corriente nutriente que llena los platos de los caballeros, o que alimenta a José de Arimatea encerrado en la torre, se le hace presente la imagen de la Luna en la noche del Domingo de Pascua, del primer Domingo después de la Luna llena del solsticio de Primavera (en el hemisferio Norte).

O sea la Luna menguante, una parte de la cual refleja la luz física del Sol, formando el cáliz, la parte obscura del disco lunar que sobresale del cáliz en forma de hostia refleja las fuerzas espirituales del sol, las fuerzas de amor de los Elohim, el alimento espiritual eterno imperecedero, el pan de vida. Esa imagen es acompañada por las palabras "Ganganda Greida", la nutriente, el alimento que camina, que se traslada. En el cáliz surge con letras de oro el nombre del Rey del Grial cuando es convocado, como sucedió en el caso de Perceval, quién el Viernes Santo del año 869 llega por segunda vez al Castillo del Grial siendo iniciado por el Caballero Gurnemanz y coronado rey el día de Pentecostés del mismo año. (Las fechas son el resultado de la investigación de otros autores).

En la actualidad el ser humano se encuentra expuesto a fuerzas del mal más destructivas, o en forma más destructiva que en épocas anteriores donde su inconciencia y las instituciones sociales, políticas y religiosas lo conducían y protegían. En el tercer milenio el hombre deberá enfrentarse con esas fuerzas desde su autoconciencia y muñido exclusivamente con las fuerzas espirituales a las que tiene acceso por su trabajo personal. Este camino lo deberá hacer preferentemente en comunidad. La imagen de la piedra preciosa hermosísima pero hueca, es la imagen del YO humano individual, profundamente influido por Lucifer. Es un brillo aparente, seductor, falso, engañoso, solo adquiere contenido cuando en el cáliz se vierte la sangre del Cristo, es decir cuando el ser humano se une al impulso del Cristo, al Pleroma de los Elohim, esa fuerza del amor cósmico que se hizo hombre y que irradia hacia la humanidad en la sangre que mana de la cruz. El yo humano en que se vierte ésta fuerza ,como la sangre en el cáliz, puede incorporar los impulsos que llevan al hombre en forma correcta hacia el futuro. Parceval es el ejemplo y el maestro de ésta corriente, de éste camino. Sin esa unión con las fuerzas de Cristo, independientemente de cualquier institución religiosa, el ser humano no podrá sostenerse frente a lo que en el presente y en el futuro cercano viene a su encuentro.